Todos los años mi socio, y yo demasiadas veces, nos hemos ocupado de fotografiar los actos de las fiestas del Porrate de San Antón en Alicante, que el año que viene cumplen su V Centenario. Todos los años exponemos las fotos frente a la fábrica de tabacos, en una "paraeta" de feria, y los últimos dias nos dejan exponerlas en el interior de la cafetería Copacabana que está un porquito más abajo. Como agradecimiento a este detalle les regalé una página web que se puede ver todavía, por poco tiempo, en http://barriosananton.ning.com/. Es una red social dedicada al barrio de San Antón de Alicante y sus fiestas el Porrate de San Antón, donde cualquiera se puede registrar como amigo, festero, vecino, o simplemente simpatizante del barrio y/o sus fiestas. Prometía.
¿Prometía?. Me da risa. Desde que la creé, a primeros de este año, solo se han registrado cinco personas, de las cuales tres son amigos mios personales, a los cuales les invité de viva voz a registrarse.
De catorcemil trescientos venticinco emails (sí. es spam, lo sé, pero también es corrupción, y cohecho y prevaricación, y amenazas, y asesinatos, y violaciones, lo que cometen los ciudadanos españoles entre los que incluyo jueces, abogados, notarios, fiscales, alcaldes, concejales, albañiles, parados, escayolistas... y no les pasa nada) que he enviado a ciudadanos alicantinos para dar a conocer la web invitándoles a registrarse, no lo ha hecho nadie. Incluso alguno, seguro que algún arquitectucho de tres al cuarto, me ha pedido de mala manera que lo borre de su lista de contactos.
Lo de Maradona, diría yo.
Sé que soy muy cáustico hablando. Me dá exactamente igual, como diría el castizo. Me la "repantinfla", como diría Sanchez Dragó.
Ya venía cabreado de la calle, porque es para cabrearse, al ver que desde el barrio de la Florida hasta la Rambla, caminando, no se ha visto -ni se le ha esperado, por supuesto- ni un solo policía local (léase "pistolero a sueldo"), con esa retaíla de coches aparcados sobre aceras, o en pasos de peatones, o esos conductores de autobús urbano hablando por el movil, o de esos indeseables camioneros (seguro que ni lo son) que disfrutan como bellacos haciendo sonar largos toques de claxon de camión delante de tu casa -ahora me refiero al hijo de puta que lo hace frente a mi domicilio-.

¿Qué no pienso lo que digo? Puede ser, pero seguro que digo cosas que mucha gente piensa y nadie dice. No me importaría ser la cabeza de turco que pague el pato. Me remito otra vez a lo que dice el políglota de Maradona. Me declaro abiertamente objetor al Estado, de una forma pacífica pero contundente. Me declaro enemigo de las masas, de los "monicacos" que llegan al poder a base de felaciones, de los que aparcan los coches sobre las aceras, o sobre los pasos de peatones, de los que tocan el claxon y los cojones, de los conductores de Masatusa que hablan por el movil mientras conducen un autobús lleno de pasajeros, de los pistoleros a sueldo del ayuntamiento que hacen la vista gorda ante las infracciones -porque su sueldo en parte lo pago yo, y eso me jode sobremanera-, de los curas que hacen política desde los púlpitos y catequesis en los colegios públicos, de los que hacen o dicen las cosas a escondidas y no dan la cara, de los jueces que hacen huelga y se siguen creyendo un poder del Estado, de los notarios, de los funcionarios enchufados y egoístas, de los abogados, de los juicios amañados (la mayoría), de José María Aznar y de quien le ría las gracias y de los que no hacen más que prohibir y prohibir cosas y cosas en vez de educar y educar.
Menudo panorama. ¡Por menos cayó la Atlantida! Pero no pasa nada si disponemos de esa monstruosidad, esa bestia negra multiplicada por seis seis seis que se llama televisión. Ese opio del pueblo, ese pábulo del despropósito que todo lo justifica porque de todo nos aisla.
¿Me estoy pasando? Tal vez. No me importa si creo en lo que digo y en lo que hago, tal vez me quede corto, pero las leyes de la prudencia y las de esta bendita España (con una de las mafias más peligrosas de Europa después de la rusa, los ayuntamientos) no me permitirían ir más allá de lo que digo. El pensamiento, de momento, no delinque, y en mi interior, en lo más íntimo y profundo de mi ser, se queda el resto.
Que entienda quien quiera y pueda.


